TODAS PARA UNA… Y UNA CONTRA TODAS

Todas para una... y una para todas

 

TODAS PARA UNA… Y UNA CONTRA TODAS.

La nueva novela de género chick-lit.

Una novela by Ester González Escobar (o sea, yo)

Hoy traigo una entrada muy, muy especial.

La presentación de mi novela.

¡SÍ! ¡¡MI NOVELA!!
Dentro de unos días os iré presentando a los personajes para que los conozcáis un poquito más y los améis, como yo.
De momento puedo contaros que es una novela de ficción, en concreto del género chick-lit, con tres personajes protagonistas femeninos y una antagonista (vamos, la mala malosa). También hay personajes masculinos, claro (¿qué sería de nosotras si no?), romanticismo, humor, secretos, peleas, amores rotos, amores encontrados…
En fin, un poco de todo, pero por encima de todo, amistad. Porque la amistad entre las mujeres está hecha de algo especial, un material muy frágil pero a la vez irrompible y duradero.
 
Pero tengo un problema: el título no me convence. Soy muy mala para los títulos, para los nombres en general (menos mal que no tengo hijos, porque podría haberlos llamado Chindasvinto o Rudolfina, ¡pobres!). 
Por el momento, los títulos barajados son:
1. Todas para una… y una contra todas.
2. Una zorrupia en apuros.
 
Pero si algun@ de vosotr@s tiene alguna otra idea, la escucharé encantada. Y si me gusta, ¡¡podréis ver vuestro título y vuestro nombre en la novela!!
 
¿Qué os parece, me ayudáis?
Pues os cuento de qué va, para que os vayáis familiarizando con ella.

Reseña La Librería ambulante

foto portada la librería ambulanteDatos Técnicos:

Título: La librería ambulante (Título original: Parnassus on Wheels)

Autor: Christopher Morley

Año: 1917

Editorial: Viena Ediciones (Catalán)

Traducción: Dolors Urdina

Páginas: 154

ISBN: 9788483307915

Sinopsis

Prepárese para entrar en un mundo único y lleno de encanto, donde el tiempo se ha detenido: estamos en la segunda década del siglo XX, en unos Estados Unidos todavía rurales y de paisajes idílicos, donde conviven los viejos carromatos y los novísimos automóviles; Roger Mifflin, un librero ambulante que desea regresar a Brooklyn para redactar sus memorias, vende su singular librería sobre ruedas (junto a su yegua y su perro) a la ya madura señorita Helen McGill, quien decide, harta de la monotonía de su vida, lanzarse a la aventura y recorrer mundo. A partir de ese momento se sucederán los encuentros y los desencuentros, y las más divertidas peripecias se darán la mano con las grandes enseñanzas que proporcionan libros y librero.

Opinión

Christopher Morley estudió historia en la universidad de Oxford y posteriormente se convirtió en uno de los periodistas más prestigiosos de su tiempo. Contemporáneo de Henry David Thoureau (seguro que recuerdas aquello de “Fui a los bosques porque quería vivir sin prisa… del Club de los Poetas Muertos), esta es su primera novela, publicada en 1917, y en 1919 llegó la segunda parte, The Haunted Bookshop (La librería encantada).  Más tarde escribió Kitty Foyle, que fue llevada al cine y protagonizada por Ginger Rogers.

La librería ambulante comienza con una carta, una de mis formas favoritas de comenzar una novela (igual que en la Librería de los finales felices, con la que comparten también la temática, libros que hablan de libros); carta dirigida a su editor en la que afirma que la verdadera artífice de la novela es la señora Mifflin (antes la señorita McGill, la protagonista).

La acción tiene lugar en una granja de Estados Unidos, Sabine Farm, en la que Hellen McGill, de treinta y nueve años, convive con su hermano mayor Andrew y son “maravillosamente felices” hasta que él se convierte en un famoso escritor.  De modo que él se pasa las horas en su estudio escribiendo o bien en emocionantes viajes para documentarse, mientras ella se dedica a los quehaceres de la granja, que solo le dejan tiempo para leer la revista Granja y hogar y novelas de folletín. Cuando quería emociones fuertes leía el Antiguo Testamento.

Un día llega a su granja un estrafalario carretón, que reza El Parnaso ambulante, tirado por un caballo blanco y gordo llamado Pegaso, y  conducido por un bajito y también estrafalario barbirrojo: el señor Mifflin, quien vende desde libros de Shakespeare, Stevenson y otros clásicos hasta libros de cocina, naturaleza o jardinería, y quiere vender el carretón a Andrew (junto con Pegaso y el perro, Bock).

Helen se imagina a su hermano en una nueva aventura mientras ella se queda de nuevo sola en la granja amasando pan, y en un ataque de furia, toma una decisión impetuosa: la de comprarlo ella misma y ponerse en marcha lo antes posible para evitar que su hermano la disuada, no sin antes dejarle una nota, claro.

“Estimado Andrew

No pienses que me he vuelto loca. Me he ido a vivir una aventura. De repente he pensado que, mientras yo estaba en casa haciendo pan, tú has podido vivir toda vez de aventuras. La señora McNally se encargará de tus comidas y una de sus hijas puede venir a limpiar la casa. No sufras, pues. Estaré fuera una temporada, quizás un mes, para ver si encuentro un poco de la felicidad de la vida en el campo de la que hablas siempre. Es lo que las revistas llaman la revolución de la feminidad. Tienes calzoncillos de invierno en la cajonera de cedro de la habitación de invitados, para cuando los necesites.

Con todo mi afecto,

HELEN”

Como ves, está escrita en primera persona y en presente, con lo que el personaje principal, Helen, se nos hace más cercano, aunque no podemos conocer lo que piensan otros personajes, sino es por las propias apreciaciones de la protagonista.

De la carta se desprende también que Helen es una mujer de armas tomar, decidida, práctica y con un gran sentido del humor.

No nos olvidemos que estamos a principios del siglo XX. ¿Dejar a su hermano encargado de una granja e irse por ahí, sola, a vivir aventuras encima de un carromato ambulante? ¡Esta mujer era una precursora, una Amelia Earthart de la carretera!

Así comienza su andadura junto con el extravagante señor Mifflin, a quien se ofrece a dejar en la estación de Port Vigor. Pero como adivinarás, por circunstancias del destino (o de la mano del autor) los personajes no se separan al llegar a la estación y juntos pasarán por las más alocadas peripecias, mientras Andrew les pisa los talones.

El señor Mifflin es un personaje maravilloso: un profesor de escuela amante de los libros, a quien el médico le recomienda el aire libre debido a su mala salud. De ahí surge la idea del Parnaso (o su “caravana de cultura”, como él la llama), y se convierte en un pionero de la venta ambulante. Según él:

“cuando vendes un libro a un hombre, no le vendes doce onzas de papel, tinta y cola sino que le vendes una vida nueva”.

Este personaje, pequeño en estatura (1,60 cm) y grande en espíritu, aventuro y soñador, no se detiene ante nada para llevar a cabo su misión de culturizar a los granjeros y otras gentes que encuentra en su camino. Dice no tener sentido común, “porque el sentido común es lo menos común que hay”.

Por su parte, Helen es una granjera grandota, práctica, organizada, que lleva una vida tranquila y apacible, hasta que siente la llamada de la aventura.

Los dos personajes principales son polos opuestos, pero ya sabemos lo que se dice de los polos opuestos…

Es una novela corta, con un lenguaje sencillo, nada arcaico ni recargado, con un argumento que resulta moderno incluso para la época actual.

Rompiendo con los consejos de algunos escritores, hay párrafos de diálogo muy largos, que corresponden a lecturas que el señor Mifflin hace en voz alta mientras van en el carromato, o bien los discursos fervientes que les suelta a los posibles compradores o a la propia Helen, sin embargo no se hacen pesados en ningún momento, al contrario.

En resumen, es una novela divertida, amena y muy bien escrita. El amor por los libros del señor Mifflin y su forma de venderlos es totalmente contagiosa. ¡Ojo, porque corres el peligro de ir directo a una librería y fundirte la tarjeta en un montón de libros!

Este es otro happy book en toda regla.

Mi puntuación: 4/5

PD: en breve te hablaré de la segunda parte, La librería encantada. ¡Ya tengo ganas de leerlo!