Reseña La elegancia del erizo

foto niña en torre Eiffel de fondo y mariposasDatos técnicos.

Título: La elegancia del erizo

Autora: Muriel Barbery

Editorial: Seix Barral. Colección Booket

Traducción: Isabel González-Gallarza

Páginas: 367

ISBN: 9788432250651

 

Sinopsis

“En el número 7 de la calle Grenelle, un inmueble burgués de París, nada es lo que parece. Dos de sus habitantes esconden un secreto. Renée, la portera, lleva mucho tiempo fingiendo ser una mujer común.

Paloma tiene doce años y oculta una inteligencia extraordinaria. Ambas llevan una vida solitaria, mientras se esfuerzan por sobrevivir y vencer la desesperanza.

La llegada de un hombre misterioso al edificio propiciará el encuentro de estas dos almas gemelas.

Juntas, Renée y Paloma descubrirán la belleza de las pequeñas cosas. Invocarán la magia de los placeres efímeros e inventarán un mundo mejor.

La elegancia del erizo es un pequeño tesoro que nos revela cómo alcanzar la felicidad gracias a la amistad, el amor y el arte. Mientras pasamos las páginas con una sonrisa, las voces de Renée y Paloma tejen, con un lenguaje melodioso, un cautivador himno a la vida”.

Opinión

Lo primero que hay que decir de este libro es que es especial. A este tipo de libros los llamo “Woody Allen”, porque los amas o los odias, no hay término medio. En este caso, yo pertenezco a la primera categoría.

La artífice de esta novela es Muriel Barbery, profesora de filosofía. Su profesión y su forma de ver la vida laten detrás de esta novela, escrita en primera persona. En cada capítulo “hablan” sucesivamente Renée y Paloma, y están escritos con letra distinta, para no confundir al lector.

En ella no es tan importante lo que se dice sino cómo se dice. Te sorprenderás varias veces dejando la novela a un lado para paladear alguno de sus párrafos, como dulces caramelos que se derriten en tu boca.

Los protagonistas: Renée, portera desde hace veintisiete años de un edificio de ocho pisos de lujo, que lee a Marx, ama la lengua y la literatura, le gusta la pintura holandesa del S. XVII y tiene un gato llamado León, en honor a Tolstoi, pasa sus horas libres tomando el té con su amiga Manuela, una aristócrata que trabaja como asistenta, mientras esconde su inteligencia porque “nadie quiere a una portera con pretensiones”. Paloma, una niña de doce años, hija de los propietarios de uno de los pisos, cuya inteligencia la separa del resto del mundo, obsesionada con el suicidio como idea romántica (“morir ha de ser un paso delicado, un deslizarse suavemente hacia el descanso”) y con prenderle fuego a su casa, para darle una lección a su familia. Y Kakuro Ozu, el nuevo inquilino del edificio, japonés, quien casualmente tiene dos gatos también llamados como personajes de las novelas de Tolstoi, amante de la pintura holandesa del S. XVII y de la belleza (en su baño sueña el Requiem de Mozart al tirar de la cadena).

Estos tres personajes, tan distintos en apariencia y tan parejos en realidad, cruzan sus caminos en un acto del destino. (Otros libros en los que el destino tiene mucho que ver son Come Reza Ama, o Sabor a Chocolate, ambos basados en hechos reales.)

Kakuro sospecha de la extraordinaria inteligencia de Renée ya en su primer encuentro, tras escapársele una cita de Ana Karenina, y tampoco le pasa desapercibido el nombre de su gato Kakuro ve a Renée como la persona que es, más allá de su condición de portera. Con él, Renée ya no tiene que fingir y descubre una nueva felicidad, la de ser ella misma con otro semejante que comparte sus mismas pasiones.

Por su parte, Paloma, a quien tampoco le ha pasado desapercibida la singularidad de la portera, se une con Kakuro para desentrañar el misterio, convirtiéndose en cómplices, a la vez que busca un lugar tranquilo en el que descansar de su alocada familia, especialmente de “la hermana más espantosa del universo”, y encuentra ese remanso de paz en la portería, y en Renée a una persona afín con la que conversar.

Así, el argumento no tiene grandes tramas, ni misterios, ni grandes giros dramáticos, porque, como he dicho, lo bello de esta novela es el cómo, no el qué (de hecho hicieron la película, debido al gran éxito del libro, pero ni te molestes en verla, porque no desprende la característica más esencial del libro, la belleza).

Por si todo esto fuera poco, está escrita con gran sentido del humor, un humor agudo y brillante. Según Renée “lo que representa el papel higiénico para el trasero de las personas ahonda mucho más el abismo entre las clases que otros muchos signos externos.” El papel higiénico del Sr. Kakuro “aspira a la canonización”.

En esta novela encontramos, además, una crítica feroz a los tópicos; no puede haber personajes más alejados de estos: una portera culta, una aristócrata que trabaja como sirvienta y una niña de doce años más inteligente que la mayoría de adultos.

Esta maravillosa novela nos enseña que si nos paramos a mirar a nuestro alrededor, el Arte está por todas partes, incluso donde menos te lo esperas, como en una portería del número 7 de la calle Grenelle de París. Porque la vida es Arte. Es Belleza.

En mi opinión, es uno de esos libros que con el tiempo vale la pena releer, solo para disfrutar de su magnífica prosa.

Mi puntuación: 4,5/5

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1 opinión en “Reseña La elegancia del erizo”

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