ENTRE DAMAS ANDA EL JUEGO. CAP 3

Entre damas anda el juego

ENTRE DAMAS ANDA EL JUEGO. CAP. 3

Si en mis dos últimos posts os presenté  Diana y a Álex, hoy os presento a la tercera y última protagonista femenina de Entre damas anda el juego, a Noa. Ella es abogada, le gusta hacer deporte y los hombres… Pero mejor dejo que se presente ella misma, como sabéis que me gusta hacer.

3.

PARA VESTIR SANTOS

Aquella mañana, a primera hora, su jefe la llamó a su despacho por la línea interior.

−Noa, ¿tienes un momento para comentarte un asunto?

−Claro, ahora voy.

Su despacho era un antigua fábrica de pinturas que había sido remodelada hacía unos quince años, respetando su estructura de ladrillo rojo, con sus techos abovedados, mediante un sistema de vigas que quedaban al descubierto, y manteniendo sus grandes ventanales a ambos lados, que aportaban mucha luz y sensación de amplitud al espacio. Era un bonito despacho, aunque tenía el inconveniente de oír a tus compañeros cuando mantenían una acalorada conversación telefónica, cosa que sucedía en no pocas ocasiones.

−Tú dirás −dijo Noa, sentándose frente a Óscar y admirando en secreto lo bien que le quedaban los trajes italianos ajustados.

−Tengo un caso para ti −contestó Óscar, echando un vistazo furtivo a sus bonitas y largas piernas, enfundadas en unas medias tupidas −demasiado, para su gusto− y unos altísimos tacones.

La verdad es que aquella mujer era impresionante: podía desconcentrar a cualquiera en un juicio o en una reunión vestida a lo Mata-Hari moderna; de hecho, era una de sus mejores armas, además de su cerebro, claro, en las negociaciones masculinas. Ella fingía ser una delicada flor y, cuando el contrario bajaba la guardia, zas, le clavaba su aguijón mientras el bendito todavía se hallaba admirando su anatomía. Ella lo sabía y, lejos de ofenderse por aquellas miradas, fomentaba su papel de femme fatale en el trabajo.

−¿De qué se trata? −preguntó Noa

−De un divorcio.

Noa enarcó una ceja, extrañada. Ella normalmente no llevaba los asuntos de familia, y Óscar lo sabía.

−De un sucio y feo divorcio −aclaró Óscar, detectando su expresión.

−Oh, esto ya se pone mejor −sonrió Noa.

−Se trata de los señores Monfort.

−Ese nombre me suena a farmacia.

Óscar le contó la historia de la familia Monfort, de cómo el abuelo había abierto una pequeña farmacia en un pueblo algo apartado de Barcelona y cómo hizo crecer la fortuna familiar hasta terminar abriendo su propia casa farmacéutica. Ahora, el nieto del fundador, iba a divorciarse después de veinte años de matrimonio y su mujer le había pedido una buena suma.

−¿Y quieres que yo lleve el asunto? −Noa se extrañó, no porque no fuera capaz de hacerlo sino porque a los clientes importantes los atendía Óscar personalmente.

−Verás, la señora Monfort es una buena amiga de mi familia. El otro día vino a verme a casa para exponerme su situación y pedirme que la representara. Yo estoy demasiado implicado emocionalmente en el asunto, así que quiero que te encargues tú.

Noa se sintió halagada ante aquella petición. Había otros abogados en el bufete que se encargaban de los asuntos de familia, ella se dedicaba principalmente a las empresas: fusiones, compras de empresas, separaciones de socios, etcétera, aunque colaboraba estrechamente con otros compañeros en separaciones y divorcios cuando había de por medio un negocio familiar que había que valorar. Sabía que Óscar habría querido representar personalmente a la señora Monfort pero no podía, y se lo había pedido a ella. Por lo tanto, lo aceptó como un reto personal y profesional.

−Está bien, me encantará hacerlo –se disponía a levantarse cuando Óscar la interrumpió.

−Una cosa más.

−¿Sí?

−La clienta quiere que, ¿qué es lo que sueles decir tú?

−¿Le machaque las pelotas?

−¡Eso! ¡Que le machaques las pelotas!

−Lo intentaré −sonrió Noa, mientras abandonaba el despacho de su jefe.

A las tres en punto Noa apagó su ordenador y se despidió de sus compañeros, con el buen humor que sólo podía explicarse por el hecho de ser viernes y tener un largo fin de semana por delante. Mientras se dirigía a su casa, sonó su móvil. Era su madre, como cada viernes a aquella hora. Al menos había conseguido que no la llamara mientras estaba trabajando, que le había costado lo suyo.

−Hola mamá −contestó Noa distraídamente. Cuando hablaba con su madre ponía el piloto automático. Sí, mamá. No, mamá. Claro, mamá. Ahá. Ahá. Adiós. Yo también.

−¿Qué tal todo, hija? ¿Ya tienes novio?

−No, mamá, no desde que hablamos la semana pasada. Han pasado solo siete días.

−En siete días pueden pasar muchas cosas. ¡En siete días Dios creó el mundo! Y le sobró uno.

−Pero yo no soy Dios, mamá.

−No, desde luego. Pero sí que te vas a quedar para vestir santos.

Noa suspiró, separándose el teléfono de la cara, para que su madre no la oyera. Siempre la misma cancioncilla.

−¿Has quedado con alguien especial este fin de semana? No quiero que estés sola en tu cumpleaños. ¡Me sabe tan mal no poder estar ahí! Pero es que fue Robert quien cogió el viaje, y perderíamos el dinero…

–No te preocupes, mamá. Lo celebramos cuando vuelvas. Y sí, he quedado con alguien −dijo Noa, para que su madre la dejara en paz. Lo cual no era del todo una mentira, aunque ella sabía que su madre al decir “alguien especial” se refería a un chico, y ella había quedado con sus amigas.

−¿Siiiiii? Ay, qué ilusión hija. No quiero que te quedes sola. Ya tienes una edad…

−Joder, mamá, ni que tuviera cincuenta años… que solo tengo treinta y tres.

−Ese vocabulario… Ay, hija, a los hombres no les gusta que hables como una verdulera.

−Vale, mamá, ya te contaré qué tal ha ido –Noa ignoró su comentario−. Ahora tengo que colgar. Adiós.

−Adios, cariño. ¡Te quiero!

−Y yo.

A pesar de sus treinta y tres años aún tenía que contarle mentiras piadosas a su madre. Conseguía que se sintiera como una colegiala. Y lo peor de todo es que después de mentirle se sentía culpable. Se sacudió como un perrito, para intentar quitarse esas sensaciones de encima.

Al llegar a casa, se puso su ropa de running, mientras Sushi, su precioso cocker de largo y sedoso cabello color canela, movía su colita con frenesí, pues sabía que cuando su dueña se ponía esa ropa y se calzaba esas zapatillas significaba que se iban a trotar. ¡Con lo que a él le gustaba! Para Noa, correr por la Rambla Cataluña con Sushi los viernes a mediodía era uno de sus momentos preferidos de la semana. Junto con los sábados de sexo y desenfreno, claro.” 

Bueno, pues ya conoces a las tres protagonistas de mi novela. Espero que te hayan caído bien, son mujeres de armas tomar, pero también tiernas y divertidas. Te harán pasar un buen rato, te lo prometo.

Y de paso te recuerdo que HOY es el último día en el que puedes adquirir mi novela en Amazon, en formato Kindle, porque he firmado con Selección de Novela Romántica, sello de Penguin Random House, que va a reeditarla y a publicarla bajo su sello. Si todo va según lo previsto, volveré en enero de 2018.

¡Sí! ¿Es increíble, verdad? A veces los sueños se cumplen… solo hay que perseguirlos mucho y muy fuerte.

Hasta pronto!

Ester

 

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