Reseña Heima es hogar en islandés

Heima es hogar en islandésDatos técnicos:

Título: Heima es hogar en islandés

Autor: Laia Soler

Editorial: Neo

Páginas: 360

 

Sinopsis:

¿Puede estar tu hogar a miles de kilómetros de casa?
Ver la vida en blanco y negro no es divertido.

Laura padece una extraña enfermedad que le impide apreciar los colores, pero si últimamente su vida es gris no es solo porque sufre acromatopsia. Acaba de romper con su novio y sus padres no dejan de pelearse tras el divorcio. Por eso, decide alejarse de todo y toma el primer avión que sale del aeropuerto.

El destino la lleva hasta Reikiavik, Islandia. Allí conoce al simpático Orri, quien le propone emprender un viaje para recorrer el país con él y su no tan simpático amigo Guðjon. Quizá no sea una idea sensata, pero no es que Islandia ofrezca muchas opciones a una chica que se ha escapado de casa.

Lo que Laura nunca podría sospechar es que los dos islandeses esconden un secreto imposible de creer, incluso para alguien como ella, y que ese viaje la cambiará para siempre.

Opinión:

De nuevo me sorprendo con la pluma de una joven autora española (catalana), esta vez es Laia Soler. Se une a las jóvenes autoras que estoy descubriendo como Allice Kellen y su maravilloso El día que dejó de nevar en Alaska, o Neïra y su Caótica Jimena.

A sus 26 años ha ganado el premio literario La Caixa para jóvenes autores con Los días que nos separan, y ha llegado a los corazones de muchísima gente con Heima es hogar en islandés. También es autora de Nosotros después de las doce.

Hacía tiempo que quería leerlo pero mi lista de pendientes aumenta cada día, en vez de disminuir (supongo que a todos os pasa lo mismo) y no me da la vida para leer todo lo que quiero. (Una vez más, en parte es por culpa de Netflix. Estoy pensando en demandarles.)

Tengo que decir que me ha sorprendido gratamente.

Está lleno de poesía, de frases de esas que te dejan un rato pensando y que los amantes de los postits seguro que subrayaréis.

Es la historia de Laura, que en un momento crucial de su vida, necesita alejarse de todo y espera una señal del destino que le diga a dónde debe coger un avión. ¿Creéis en las señales? Yo ya os he dicho que sí, en alguna ocasión.

Pues estas señales la llevan nada menos que a Reikiavik, Islandia, donde conoce al simpático Orri y se embarcan en una aventura que les llevará a dar la vuelta a la Isla con su no tan simpático amigo Gudjon. (Ella lo llama John, porque su nombre es impronunciable.)

Es un road book, que va narrando lo que ven a lo largo del viaje, con lo que puedes hacerte una idea de lo que es Reikiavick, fotos incluidas (en blanco y negro, claro, porque nuestra protagonista tiene acromatopsia, no puede ver los colores).

En ocasiones se me ha hecho algo pesado esa descripción, pues si bien forma parte del libro, no es lo principal y la autora le da demasiado protagonismo para mi gusto, pero es que ella hizo ese mismo viaje y quedó enamorada de esos bellos parajes.

Pero si crees que este libro es solo una historia entre amigos, o una historia de amor, te equivocas.  De repente se convierte en una historia de fantasía.

Orri y John esconden un secreto.

Laura también esconde los suyos, de modo que es inevitable que, tantas horas juntos, no acaben por desvelarse.

Pero cuando ya crees que lo sabes todo, de nuevo la autora te descoloca con otro secreto inimaginable.

Si bien al principio va algo lento, una vez descubres a qué se dedican Orri y John, el ritmo aumenta. Aparece en la historia también Audur, una antigua novia de…, bueno, mejor que lo leas.

Es un libro precioso, tierno y emotivo, de esos que te harán llorar, pero lleno de fuerza y positivismo.

Por eso entra directo a la lista de mis happy books.

Mi puntuación:

4/5

Reseña El día que dejó de nevar en Alaska

EL día que dejó de nevar en AlaskaDatos técnicos:

Título: El día que dejó de nevar en Alaska

Autor: Alice Kellen

Editorial: Titania

Páginas: 352

Sinopsis:

“Un chico con el corazón de hielo.
Una chica que huye de sí misma.
Dos destinos que se cruzan.
Heather cree que solo hay tres cosas que sabe hacer: atraer problemas, salir huyendo y correr. Así es como termina en Alaska, en un pequeño pueblo perdido, trabajando de camarera mientras intenta llevar una vida nueva y tranquila. Su único problema es que uno de los dueños del restaurante parece odiarla y que ella nunca antes ha conocido a nadie que despierte tanto su curiosidad. Nilak es reservado, frío y distante, pero Heather puede ver a través de todas las capas tras las que se esconde y sabe que en ocasiones hay recuerdos que pesan demasiado; como los de sus propios errores, esos que intenta dejar atrás.
Pero, a veces, la vida te da una segunda oportunidad.
La nieve empieza a derretirse.
Y todo encaja.”

Opinión:

Alice Kellen es una joven promesa literaria.  A su corta edad (26) ha escrito ya 7 novelas. Esto me lleva a pensar… Ester, ¿qué coño estás haciendo? Deja de ver tanto Netflix y ponte a escribir. 

Autora de novela romántica, ha triunfado con la serie Volver a ti “23 otoños antes de ti” y “33 razones para volver a verte”. Pero el mayor éxito le ha llegado con El día que dejó de nevar  en Alaska. 

Me decidí a empezar por esta porque no paraba de verla en las redes sociales y tenía muchas ganas de leerla, aunque también algo de miedo, miedo a que no cumpliera las expectativas. Pero no ha sido así.

Es una novela deliciosa, ambientada en Inovik Lake, un pequeño pueblecito en Alaska. Alice consigue que te traslades a ese pequeño pueblecito, a esa cabaña de madera, a esos caminos verdes que se transforman en blanco, corriendo con ella, disfrutando de esos paisajes helados. Te juro que me han dado ganas de coger un avión hasta ese remoto paraje, ¡y eso que soy muy friolera!

Su lenguaje es actual y muy cuidado, como todo en esta novela. Las descripciones no se hacen pesadas, al contrario, se convierten en una parte imprescindible de la novela. (Te recomiendo que cojas una manta y una taza de algo caliente mientras la lees).

Pero lo más especial para mí han sido sus personajes: Heather, una chica parlanchina e impulsiva que huye de sus problemas y que necesita recomponerse de sus heridas del pasado. Nilak, un chico callado y aparentemente frío como el clima de Alaska. Seth, el inseparable amigo de Nilak, tan cálido como su novia Sialuk, ambos inuits.

El amable vecino de Heather, John, un grandullón callado y amable que todos querríamos tener como vecino si estuviéramos en Alaska, que te trae leña y te cocina platos calientes para que no mueras de inanición.

Y la abuela de Sialuk, un personaje sabio e intuitivo donde los haya.

Son todos tan tiernos…

Caos
Caos

Por no hablar de Caos, el Huskie que se enamora de Heather nada más verla, y ella de él, porque ambos son espíritus libres, y con el cual comparte una conexión especial.

Pero eso no es todo, la historia se mezcla con los diarios de una tal Annie, que está enamorada de Kayden. Hasta algo más de la mitad de la novela no descubrí quiénes eran y qué papel tienen en la historia (supongo que de eso se trata, ¿no?), pero Alice ha escrito esta trama sin dejar ni un cabo suelto, todo está relacionado, todo tiene un motivo, todos tienen su papel en esta historia, incluido el destino.

Te la recomiendo cien por cien, aunque secundo a los que dicen que mejor tengas un paquete de pañuelos al lado.

Alice Kellen se une a las jóvenes escritoras autóctonas que estoy descubriendo, junto con Neïra (Caótica Jimena), Laia Soler (Heima es hogar en islandés) o Cherry Chic (con su serie Sin Mar). Os hablaré de todas ellas en breve.

Mi puntuación: 4,5/5

 

Reseña Martes con mi viejo profesor

Martes con mi viejo profesor

Datos técnicos

Título: Martes con mi viejo profesor

Autor: Mitch Albom

Editorial: Maeva

Páginas: 215

ISBN: realmente, le importa a alguien? A partir de ahora, no lo voy a poner.

Sinopsis

Considerado por The Washington Post como el libro de memorias más vendido de la historia, Martes con mi viejo profesor narra la experiencia vivida por Mitch Albom con Morrie Schwartz, uno de sus profesores de la universidad, al que vuelve a ver por casualidad muchos años después en una entrevista en televisión, en la que se entera de que su viejo profesor sufre ELA, una enfermedad degenerativa. Albom entra de nuevo en contacto con él y le propone verse todos los martes. Durante estos encuentros, tiene la oportunidad de plantearle las grandes preguntas que siguen inquiétandole y de hallar consejo y aliento para su propia vida en las sabias palabras del maestro.

Opinión

Con este libro terminé el 2017 y me he dado cuenta de que es un excelente libro para comenzar el año. Con él os deseo un FELIZ AÑO 2018, lleno de todo aquello que esperáis y más…

Por mi parte, aún estoy escribiendo mi lista de propósitos de año nuevo.  Están los de siempre: volver al gimnasio, volver a dejar de fumar, volver a correr… y otros más profundos: preocuparme por lo verdaderamente importante, ver más a mis amigos, ser más organizada, no dejarme llevar por el mal humor, dejar lo malo atrás y concentrarse en lo bueno, terminar mi segunda novela… en fin, después de la resaca es momento de ponerse un poco zen. Y este libro es ideal para ello.

El libro habla de los grandes temas de la vida: del amor, la familia, el miedo a la muerte… desde la vieja, sabia y tierna voz de Morrie Schartz, un vital y dinámico profesor que se vio atacado por la enfermedad del ELA, contra la que no hay cura, y que vio cómo su cuerpo iba perdiendo facultades. Primero dejó de nadar, luego de caminar, y al final tuvieron que limpiarle el culo, que es lo que le daba más miedo. Esa pérdida total de la independencia, de la dignidad… o lo que la sociedad te dice que es digno. Luego descubre que no hay nada indigno en que alguien te bañe, o te limpie el culete, si tú no puedes hacerlo. Ahí dentro de ese cuerpo marchito tú sigues siendo la misma persona.

En algunos momentos me ha recordado a El arte de no amargarse la vida. Mitch pone en práctica muchos de los consejos o prismas sobre los que habla este libro, sin saberlo o sin quererlo. Gracias a su experiencia, su inteligencia y su extraordinaria sensibilidad.

Es una historia de amor increíble de un alumno hacia su maestro, su mentor, su “entrenador”, como él lo llamaba.

Micth Albom, periodista, andaba por la vida como pollo sin cabeza, como diría Víctor Küppers (te invito a ver alguna de sus conferencias en la web), un poco como andamos todos, preocupados por el trabajo, por ascender, por tener un buen coche, una buena casa… hasta que vio en la televisión a su viejo profesor, víctima del ELA, y decidió ir a verle. Era un martes. A partir de ese día y hasta su muerte Mitch cogía un avión e iba a ver a su viejo profesor todos los martes, hasta el día de su muerte.

Morrie nos da una lección magistral sobre la vida y lo que es realmente importante: la familia,  las amistades, el estar bien consigo mismo y con los demás (el perdón), el miedo a las emociones… Morrie no tenía miedo de llorar, o de sufrir, decía que había que abrazar las emociones, incluso las malas, vivirlas del todo y luego dejarlas pasar.

Según sus palabras: “esta cultura no te anima a pensar en esas cosas hasta que estás a punto de morirte. Estamos muy absortos en asuntos egocéntricos, en nuestra carrera profesional, en la familia, en tener dinero suficiente, en pagar la hipoteca, en comprarnos un coche nuevo, en arreglar el radiador cuando se rompe; estamos muy ocupados con billones de actos pequeños que solo sirven para salir adelante. De modo que no adquirimos la costumbre de contemplar nuestras vidas desde fuera y decirnos, ¿Esto es todo?, ¿es esto todo lo que quiero?, ¿me falta algo?

Lo más especial de Morrie es que nunca perdió la sonrisa, las ganas de enseñar (estos encuentros con Mitch fueron su última lección, decía), ni el optimismo. Decía que tenía suerte porque así pudo poner sus asuntos en orden.

De modo que, aprovechando esta época del año, llena de buenos propósitos que poco a poco se van diluyendo a medida que pasan los días, te invito a hacer una reflexión.

Párate, párate un segundo y piensa: ¿Qué es lo que espero de la vida? ¿Me sentiría satisfech@ si muriera ahora? ¿De qué me arrepentiría? ¿Qué me faltaría por hacer?

Y hazlo. Hazlo. No esperes. Pide perdón, queda con aquella persona a la que hace tanto que no ves pero que te apetece, visita a tus padres, a tus abuelos, di “te quiero”, ama, ríe, llora, siente, y déjate de gilipolleces.

Bueno, él lo dice mucho más bonito, pero en definitiva, es eso.

Este un libro de frases para subrayar. Amantes de los postits, ya podéis ir a compraros unos paquetes, porque los vais a necesitar.

Este es uno de mis libros optimistas en toda regla, y pasa a ser el primero de los de 2018.

 

Puntuación: 4/5

(Aunque me ha gustado mucho, me esperaba más; me hubiera gustado darle un 5/5, porque Morrie se lo merece).

¿Lo has leído? ¿Qué te ha parecido? ¡Cuéntame!

Reseña La jaula dorada

Reseña la jaula doradaDatos técnicos:

Título: La jaula dorada

Autor: Vic James

Editorial: LA GALERA

Páginas: 336

ISBN: 9788424660253

Sinopsis:

“En un mundo con poderosos magos y gente corriente, los primeros usan su poder para oprimir y dominar a los demás.
«Ya sabes lo que dicen: si haces tu decenio de esclavitud demasiado pronto, jamás lo superarás; si lo haces demasiado tarde, jamás lo acabarás.»

En el mundo hay dos tipos de personas: Diestros y Ordinarios. Los primeros son aristócratas con poderes oscuros, los segundos gente corriente. Unos gobiernan y viven en el lujo, los otros deben cumplir diez años de esclavitud.

Los Jardine son los Diestros más poderosos del país, los Hadley son unos Ordinarios cualquiera. Pero ambas familias tienen algo en común: tres hijos. Sus destinos se unirán para siempre cuando los Hadley vayan a cumplir su esclavitud al servicio de los Jardine.

Ya nada volverá a ser igual.

Adéntrate en el mundo de Los Dones Oscuros, donde no todos son libres, ni iguales y donde, desde luego, no todos se salvarán”.

Opinión:

La Sinopsis de La jaula dorada me atrapó, por no hablar de su portada, más bonita aún en la edición en catalán, blanca, en vez de negra.

Desde la trilogía de Los juegos del hambre, me apetecía leer otra distopía y creo que esta ha sido una buena elección.

Vic James nos plantea un mundo dominado por los Diestros, unos seres que poseen la Destreza, un poder que se manifiesta de forma distinta en cada uno de ellos. Algunos tienen mucha y otros menos, para ellos es como el dinero. No se habla de ello.

Para someter a los Ordinarios, han ideado un decenio de esclavitud, que debes cumplir a lo largo de tu vida. Pero ojo,

Si haces tu decenio de esclavitud demasiado pronto, jamás lo superarás; si lo haces demasiado tarde, jamás lo acabarás.»

En esta novela se mezclan realidad y ficción, el mundo que conocemos es distinto. La acción transcurre en Gran Bretaña, donde todavía existe la esclavitud, no como en Estados Unidos, donde se abolió. Encontramos otras referencias históricas reales, pero modificadas para los intereses de la novela. Todo ello hace que resulte más creíble.

Los personajes son muy fuertes, especialmente los herederos de la familia regente de Diestros, los hermanos Jardine: Sylien, Gavar y Jenner. Bueno, este último no tanto, por motivos que ya descubrirás.

Por otro lado, tenemos a los hermanos Hadley: Abi, Luke y Daisy, quienes son llevados por sus padres a hacer su decenio de esclavitud cuando tienen 18, 16 y 10 años, respectivamente, para poder estar todos juntos. Continuar leyendo “Reseña La jaula dorada”

Reseña La librería encantada

la librería encantadaDatos técnicos:

Título: La librería encantada.

Autor: Cristopher Morley

Traducción: Al Catalán: Dolors Urdina

Editorial: Periférica

Páginas: 320

ISBN: 978-8492865703

Sinopsis

“Los entrañables Roger y Helen Mifflin han dejado de recorrer los campos y pueblos con su librería ambulante y se han instalado en pleno Brooklyn, como siempre soñara Roger.

Ambos regentan La Librería Encantada, un «parnaso en casa» al que acuden, de un lado u otro de Nueva York, todo tipo de personajes singulares, incluidos jóvenes publicistas, farmacéuticos alemanes y guapísimas herederas; por no hablar de sus amigos libreros, que se reúnen allí cada poco para disfrutar la tarta de chocolate de Helen y los discursos incendiarios, y a la vez llenos de sensatez, del pequeño gran Roger.

Parece que todo está en calma en esa librería encantadora (nunca mejor dicho) y en la placentera vida de estos personajes insólitos… pero no es así: nos encontramos justo al final de la Primera Guerra Mundial, en medio de una época convulsa, llena de avances técnicos, emociones contradictorias y mucho suspense.

Porque, aunque hace tiempo que acabaron sus aventuras rurales, nuestros personajes seguirán protagonizando situaciones tan divertidas como rocambolescas en la gran ciudad, una ciudad magistralmente dibujada, con ese toque de humor refinado que ya cautivó a los lectores de La librería ambulante”.

Opinión

Ya te hablé hace unos días de la primera parte de este libro, La librería ambulante, donde Helen conoce al señor Mifflin, un extraño hombrecito que vende libros en un carromato tirado por un caballo, con la compañía inestimable de su fiel amigo perruno Bock, y por circunstancias del destino, emprenden juntos un viaje en el llamado Parnaso ambulante.

En esta segunda parte, La librería encantada, que se puede leer de forma independiente, Helen y el señor Mifflin han dejado de lado el Parnaso ambulante para regentar una librería en Brooklyn, en la que cuelga un cartel: “La librería encantada.”

El señor Mifflin no se considera un simple vendedor de libros, sino que cree que su oficio es sagrado: tiene la misión de dar a conocer a la gente la buena literatura, lo quieran o no (bueno, él dice que lo quieren aunque no lo sepan).

En esta segunda entrega siguen las diatribas fantásticas sobre literatura, sobre el mundo de los libros, sobre el oficio de librero y sobre la vida en general del señor Mifflin, que no tienen desperdicio. En especial, hay una escena sobre una reunión de varios libreros en la que se ven los distintos puntos de vista sobre este antiguo oficio, que es magistral.

La aparición de Helen, sin embargo, es casi inexistente, lo cual es una pena porque me gustaba el personaje. Aunque, sin duda, el protagonista siempre fue el señor Mifflin.

Se une a esta aventura la preciosa señorita Titania Chapman, hija de un cliente de la librería, que quiere que su hija aprenda el oficio, y el señor Aubrey Gilbert, un comercial que congeniará enseguida con el señor Mifflin aunque este no crea en la publicidad.

El ritmo de la primera mitad del libro es algo lento, pero igualmente es un gusto leer la pluma de Cristopher Morley, tan incisiva, humorística y audaz. Pero en la segunda mitad el ritmo aumenta y nos encontramos con el misterio de un libro que desaparece y vuelve a aparecer, un ayudante de chef interesado en dicho libro, un farmacéutico algo extraño…

Sin quererlo los señores Mifflin, Titania y Audrey se verán envueltos en una trama de robos, falsificaciones y engaños, que se resuelven favorablemente, no sin pérdidas…

Ha sido un placer leer de nuevo al señor Morley, siempre te deja con un buen sabor de boca. Este es otro de mis happy books. Ya estoy deseando leer Kathleen.

Mi puntuación: 4/5

 

 

 

SEAMOS SEGUIDORES

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Reseña Caótica Jimena

caoticajimenaDatos técnicos:

Título: Caótica Jimena

Autor: Neïra (Andrea Longarela)

Páginas: 398

ISBN: 9781547023103

Editorial: Autopublicación

 

Sinopsis:

“Jimena tiene un plan: vivir tranquila sin salir demasiado de su zona segura, conseguir un trabajo relacionado con sus estudios y no implicarse con nadie a un nivel que no sea puramente físico.
El orden, la racionalidad, la dureza.
Bruno no tiene ninguno, más que ser feliz con los pequeños placeres de la vida, pero sí muchos problemas que debe resolver mientras deja que sus pasos lo guíen.
El caos, la emotividad, la ternura.
Un piso. Un encuentro. El objetivo de una cámara. Un giro inesperado. El desequilibrio.
Y sucede.
Dos personas aparentemente opuestas que se cruzan y convergen, cuando sus caminos no lo hacen.
Porque el amor no siempre llega en el momento indicado ni con la persona adecuada, pero no por ello desaparece.
Porque, aunque la vida nos haga elegir lo que más duele, todas las historias de amor del mundo se merecen un final”.

Opinión

Cuando inicié este blog mi idea era darte a conocer libros que me hubieran marcado de alguna u otra manera, libros optimistas, feel good, y también dar a conocer a los autores noveles o autopublicados, porque, como una de ellos, sé lo difícil que es hacerse un hueco en este mundo de la literatura, donde cada vez hay más oferta, más visibilidad, pero más (muchísima más) competencia, si es que puede llamarse así. Porque de momento lo que me he encontrado no es competencia, sino compañerismo. Nos leemos un@s a otr@s con ansias de descubrir nuev@s autor@s, personitas como nosotr@s, con sus sueños e inquietudes y con la ilusión de compartir un pedacito de nuestra alma con nuestros libros.

Y cuando te topas con un libro como este, tienes que recomendarlo

Bueno, para algunos Neïra (Andrea Longarela) no necesita presentación. Yo la he conocido con Caótica Jimena, pero te aseguro que no será lo único que lea de ella. De hecho ya me he descargado en mi Kindle Valiente Vera, pequeña Sara. Otras obras de la autora son Fuimos un invierno, Fuiste mi verano, o La lista de Oliva y La lista de Mario.

Ahora está a punto de publicar Amor se escribe con H y yo pienso leérmelos todos.

Pero vamos con Caótica Jimena.

Lo primero que tengo que decir es que se trata de una historia romántica, entre Jimena y Bruno. Pero, oh, ni se te ocurra despreciarla por eso o pensar que está llena de clichés.

Cierto, es la historia de chica conoce chico y se enamoran, pero hay mucho más. Yo soy la primera a la que no le gustan estas historias, necesito algo más, pero este libro lo tiene. Continuar leyendo “Reseña Caótica Jimena”

ENTRE DAMAS ANDA EL JUEGO. CAP 3

Entre damas anda el juego

ENTRE DAMAS ANDA EL JUEGO. CAP. 3

Si en mis dos últimos posts os presenté  Diana y a Álex, hoy os presento a la tercera y última protagonista femenina de Entre damas anda el juego, a Noa. Ella es abogada, le gusta hacer deporte y los hombres… Pero mejor dejo que se presente ella misma, como sabéis que me gusta hacer.

3.

PARA VESTIR SANTOS

Aquella mañana, a primera hora, su jefe la llamó a su despacho por la línea interior.

−Noa, ¿tienes un momento para comentarte un asunto?

−Claro, ahora voy.

Su despacho era un antigua fábrica de pinturas que había sido remodelada hacía unos quince años, respetando su estructura de ladrillo rojo, con sus techos abovedados, mediante un sistema de vigas que quedaban al descubierto, y manteniendo sus grandes ventanales a ambos lados, que aportaban mucha luz y sensación de amplitud al espacio. Era un bonito despacho, aunque tenía el inconveniente de oír a tus compañeros cuando mantenían una acalorada conversación telefónica, cosa que sucedía en no pocas ocasiones.

−Tú dirás −dijo Noa, sentándose frente a Óscar y admirando en secreto lo bien que le quedaban los trajes italianos ajustados.

−Tengo un caso para ti −contestó Óscar, echando un vistazo furtivo a sus bonitas y largas piernas, enfundadas en unas medias tupidas −demasiado, para su gusto− y unos altísimos tacones.

La verdad es que aquella mujer era impresionante: podía desconcentrar a cualquiera en un juicio o en una reunión vestida a lo Mata-Hari moderna; de hecho, era una de sus mejores armas, además de su cerebro, claro, en las negociaciones masculinas. Ella fingía ser una delicada flor y, cuando el contrario bajaba la guardia, zas, le clavaba su aguijón mientras el bendito todavía se hallaba admirando su anatomía. Ella lo sabía y, lejos de ofenderse por aquellas miradas, fomentaba su papel de femme fatale en el trabajo.

−¿De qué se trata? −preguntó Noa

−De un divorcio.

Noa enarcó una ceja, extrañada. Ella normalmente no llevaba los asuntos de familia, y Óscar lo sabía.

−De un sucio y feo divorcio −aclaró Óscar, detectando su expresión.

−Oh, esto ya se pone mejor −sonrió Noa.

−Se trata de los señores Monfort.

−Ese nombre me suena a farmacia.

Óscar le contó la historia de la familia Monfort, de cómo el abuelo había abierto una pequeña farmacia en un pueblo algo apartado de Barcelona y cómo hizo crecer la fortuna familiar hasta terminar abriendo su propia casa farmacéutica. Ahora, el nieto del fundador, iba a divorciarse después de veinte años de matrimonio y su mujer le había pedido una buena suma.

−¿Y quieres que yo lleve el asunto? −Noa se extrañó, no porque no fuera capaz de hacerlo sino porque a los clientes importantes los atendía Óscar personalmente.

−Verás, la señora Monfort es una buena amiga de mi familia. El otro día vino a verme a casa para exponerme su situación y pedirme que la representara. Yo estoy demasiado implicado emocionalmente en el asunto, así que quiero que te encargues tú.

Noa se sintió halagada ante aquella petición. Había otros abogados en el bufete que se encargaban de los asuntos de familia, ella se dedicaba principalmente a las empresas: fusiones, compras de empresas, separaciones de socios, etcétera, aunque colaboraba estrechamente con otros compañeros en separaciones y divorcios cuando había de por medio un negocio familiar que había que valorar. Sabía que Óscar habría querido representar personalmente a la señora Monfort pero no podía, y se lo había pedido a ella. Por lo tanto, lo aceptó como un reto personal y profesional.

−Está bien, me encantará hacerlo –se disponía a levantarse cuando Óscar la interrumpió.

−Una cosa más.

−¿Sí?

−La clienta quiere que, ¿qué es lo que sueles decir tú?

−¿Le machaque las pelotas?

−¡Eso! ¡Que le machaques las pelotas!

−Lo intentaré −sonrió Noa, mientras abandonaba el despacho de su jefe.

A las tres en punto Noa apagó su ordenador y se despidió de sus compañeros, con el buen humor que sólo podía explicarse por el hecho de ser viernes y tener un largo fin de semana por delante. Mientras se dirigía a su casa, sonó su móvil. Era su madre, como cada viernes a aquella hora. Al menos había conseguido que no la llamara mientras estaba trabajando, que le había costado lo suyo.

−Hola mamá −contestó Noa distraídamente. Cuando hablaba con su madre ponía el piloto automático. Sí, mamá. No, mamá. Claro, mamá. Ahá. Ahá. Adiós. Yo también.

−¿Qué tal todo, hija? ¿Ya tienes novio?

−No, mamá, no desde que hablamos la semana pasada. Han pasado solo siete días.

−En siete días pueden pasar muchas cosas. ¡En siete días Dios creó el mundo! Y le sobró uno.

−Pero yo no soy Dios, mamá.

−No, desde luego. Pero sí que te vas a quedar para vestir santos.

Noa suspiró, separándose el teléfono de la cara, para que su madre no la oyera. Siempre la misma cancioncilla.

−¿Has quedado con alguien especial este fin de semana? No quiero que estés sola en tu cumpleaños. ¡Me sabe tan mal no poder estar ahí! Pero es que fue Robert quien cogió el viaje, y perderíamos el dinero…

–No te preocupes, mamá. Lo celebramos cuando vuelvas. Y sí, he quedado con alguien −dijo Noa, para que su madre la dejara en paz. Lo cual no era del todo una mentira, aunque ella sabía que su madre al decir “alguien especial” se refería a un chico, y ella había quedado con sus amigas.

−¿Siiiiii? Ay, qué ilusión hija. No quiero que te quedes sola. Ya tienes una edad…

−Joder, mamá, ni que tuviera cincuenta años… que solo tengo treinta y tres.

−Ese vocabulario… Ay, hija, a los hombres no les gusta que hables como una verdulera.

−Vale, mamá, ya te contaré qué tal ha ido –Noa ignoró su comentario−. Ahora tengo que colgar. Adiós.

−Adios, cariño. ¡Te quiero!

−Y yo.

A pesar de sus treinta y tres años aún tenía que contarle mentiras piadosas a su madre. Conseguía que se sintiera como una colegiala. Y lo peor de todo es que después de mentirle se sentía culpable. Se sacudió como un perrito, para intentar quitarse esas sensaciones de encima.

Al llegar a casa, se puso su ropa de running, mientras Sushi, su precioso cocker de largo y sedoso cabello color canela, movía su colita con frenesí, pues sabía que cuando su dueña se ponía esa ropa y se calzaba esas zapatillas significaba que se iban a trotar. ¡Con lo que a él le gustaba! Para Noa, correr por la Rambla Cataluña con Sushi los viernes a mediodía era uno de sus momentos preferidos de la semana. Junto con los sábados de sexo y desenfreno, claro.” 

Bueno, pues ya conoces a las tres protagonistas de mi novela. Espero que te hayan caído bien, son mujeres de armas tomar, pero también tiernas y divertidas. Te harán pasar un buen rato, te lo prometo.

Y de paso te recuerdo que HOY es el último día en el que puedes adquirir mi novela en Amazon, en formato Kindle, porque he firmado con Selección de Novela Romántica, sello de Penguin Random House, que va a reeditarla y a publicarla bajo su sello. Si todo va según lo previsto, volveré en enero de 2018.

¡Sí! ¿Es increíble, verdad? A veces los sueños se cumplen… solo hay que perseguirlos mucho y muy fuerte.

Hasta pronto!

Ester

 

ENTRE DAMAS ANDA EL JUEGO. CAP. 2

Entre damas anda el juego

ENTRE DAMAS ANDA EL JUEGO. Cap. 2

Hace unos días os presenté a Diana, una de mis tres protagonistas femeninas, en el primer capítulo de mi novela, Entre damas anda el juego. También conocimos a Juan, su marido. Y a la doctora Anaya, o señora Doubtfire, como la llaman ellos, je, je. Me da en la punta de la nariz que sus sesiones van a ser algo peculiares…

Pues hoy tengo el placer de presentaros a Álex (si alguien la llama Alexis se cabrea, ¡y mucho!), y a su marido Gabi.  Ah, y al terremoto de Daniel, su hijo.

Álex es la segunda protagonista femenina de esta novela ¿Pero qué mejor que dejar que hable ella misma? Sin más prámbulos, os dejo con ella.

2.

¡A LA MIERDA LA SUPERNANNY!

“Apenas acababa de despertarse y Gabi ya estaba juguetón.

–¿Por qué no tenemos otro hijo? –preguntó Gabi en un susurro, mientras la acariciaba suavemente.

Alexis le apartó la mano bruscamente.

–Ya hemos hablado de ello. No quiero tener otro hijo ahora. Daniel todavía es pequeño y nos necesita. ¡Si casi no tenemos tiempo de estar con él, cómo vamos a tener otro hijo!

–Me gustaría mucho tener una niña… Una tan guapa como su madre –insistió Gabi

–Sí, quedaríamos perfectos en la postal de Navidad. Pero eso no va a pasar. No voy a dejar mi trabajo para cuidar a un bebé otra vez.

–Pero Álex, es sólo un tiempo…, hasta que pueda ir a la guardería.

Nadie la llamaba Alexis, odiaba ese nombre; le hacía pensar en un pasado que habría querido borrar, al igual que el tatuaje que se había visto obligada a esconder bajo esa pulsera tribal tatuada en su muñeca derecha.

–Sí, ¿y luego qué? ¿Reduzco mi horario para salir antes y poder estar con los niños?  ¿O vas a hacerlo tú?

–Ya sabes que yo no puedo –protestó Gabi. En mi empresa no me lo permiten.

–Pues yo no quiero. Y no quiero hacer pasar a mi cuerpo otra vez por todos esos cambios. –Se tocó la cicatriz de su cesárea de forma inconsciente–. ¡No voy a poder trabajar durante mucho tiempo!

–Pero cariño, ¡si la última vez te recuperaste muy rápido! Y podrías aprovechar y grabar otro vídeo sobre cómo ponerte en forma después del embarazo. ¿Recuerdas lo bien que te fue?

Era cierto. Álex comenzaba a ser conocida como entrenadora personal cuando se quedó embarazada de Daniel, y aprovechó para grabar un vídeo sobre cómo ponerse en forma y recuperar la figura en tiempo récord después del embarazo. Fue todo un éxito en su momento.

Álex suspiró. Gabi era muy insistente cuando quería algo, pero ella ya estaba cansada de tener siempre la misma conversación, que no les llevaba a ninguna parte, pues ninguno de los dos parecía querer ceder.

Se levantó un tanto hastiada por la forma en que había comenzado el día, con la desagradable sensación de que su marido no estaba del todo satisfecho con la vida que llevaban y sin poder hacer nada por remediarlo. Bueno, de hecho sí podía, pero no quería. Era un sacrificio demasiado grande para ella en aquellos momentos.

Algo blando le golpeó en la cabeza, y su hijo entró en la habitación como un vendaval. Una sombra se abalanzó sobre ella gritando como un poseso.

−¡Mamiii! ¡Dezpieta, dezpieta, dezpieta, dezpietaaaaaa!

Mmmmmm, odiaba la forma que tenía su hijo de cuatro años de despertarla todas las mañanas, con esos gritos y esa explosión de energía. Estaba claro que no había salido a ella, con lo que le costaba levantarse de la cama. Encendió la luz.

−Buenos días, Spiderman −articuló Álex−. Buenos días cariño –dijo, abrazando a Daniel.

Miró el despertador. Las siete y cinco de la mañana. ¡Maldita sea! Apagó su despertador, programado para que sonara a las ocho menos cuarto. La verdad es que no sabía por qué se molestaba en ponerlo, si nunca llegaba a sonar. De hecho, ni siquiera sabía si funcionaba, pensó.

Gabi fue a la cocina a preparar el desayuno. Otro miembro de la familia que se levantaba con energía.

Álex se tomó su zumo de naranja mientras Gabi intentaba que Daniel se tomara el suyo, lo cual no era tarea fácil. Normalmente el líquido naranja acababa en la mesa, en el suelo, en el pijama de Álex y en el de Daniel, en todas partes menos en su boca.

Al cabo de unos minutos, la mente de Álex empezó a despejarse y su cuerpo a desentumecerse, poco a poco. Bien, ya estaba lista para la guerra, y no era una frase hecha.

−Venga campeón, a vestirse −cogió de la mano a Daniel y lo acompañó a su habitación. Ahora tienes que ponerte la ropa que te ha preparado mami. ¿Recuerdas nuestra conversación? Tienes que vestirte tú solito porque eso es lo que hacen los mayores, y tú ya eres mayor, ¿verdad? −Daniel asintió con la cabeza.

−Bien, así me gusta. Cuando hayas acabado vienes a mi habitación, ¿vale?

Álex se metió rápidamente en la ducha. Tenía que aprovechar esos escasos diez minutos de paz. Se duchó, se secó el pelo a medias y se vistió con sus jeans, una camiseta y unas deportivas. Cuando se estaba atando la segunda, entró Daniel.

−Ya eztá, mami −Daniel sonreía triunfante.

Estaba claro que no le había gustado la ropa que ella le había preparado. Se había puesto sus pantalones pirata preferidos, a pesar de que estaban a mediados de octubre. Como debía tener frío, se puso los calcetines largos de deporte, llevaba su jersey gris de Mickey Mouse y en la cabeza, una cinta de las que se ponía Gabi cuando salía a correr.  Dios mío, parecía un rapero paleto en miniatura. No podía dejar que saliera así de casa.  Con un profundo suspiro cogió a Daniel de la mano y se lo llevó a su habitación, dispuesta a vestirlo ella misma puesto que era la única manera de que pudiera llegar puntual al trabajo. ¡A la mierda la supernnany!, pensó. Seguro que ella no tenía hijos. Estaba segura de que grababa el programa y cuando llegaba a su casa se ponía las zapatillas, se atiborraba de vino y se alegraba de no haber fabricado una de aquellas fierecillas.

Por fin, después de veinte minutos de gritos, patadas, llantos y las primeras palabrotas que al parecer Daniel había aprendido en el colegio, Álex consiguió vestirlo y se percató de que, como siempre, apenas le quedaban cinco minutos para desayunar antes de llevar a Daniel al colegio. Engulló el bol de cereales con leche, cogió la mochila de Daniel y casi se lo cargó a la espalda para meterlo en el coche.  Pensó en Gabi, corriendo por las calles del Barrio Gótico de Barcelona con sus cascos, aislado de todo, relajado, mientras ella lidiaba con aquella pequeña fiera.

¿Cómo podía Gabi pensar si quiera en tener más hijos? Sólo de pensarlo le daban ganas de atarse las trompas ella misma, con un nudo marinero, a ser posible. ¡Hasta hacía que Gabi se pusiera dos preservativos cuando estaba ovulando! El pobre estaba desesperado, pero ella no daba su brazo a torcer. Le había intentado convencer para que se hiciera la vasectomía, pero él no quería ni oír hablar del tema, quería tener otro hijo y estaba convencido que con el tiempo Álex cedería.

Cuando por fin dejó a Daniel en la puerta del colegio, o mejor dicho en  el suelo de la puerta del colegio, gritando y pataleando, sintió una mezcla de alivio y remordimiento, por sentirse aliviada.

Al llegar a su trabajo se dirigió al vestuario, donde se cambió, vistiéndose con sus mallas negras, sus zapatillas rosas y su top negro y rosa. En su trabajo siempre iba conjuntada, para causar buena impresión. Al contrario que en casa, donde siempre iba muy cómoda, con ropa vieja y holgada. Solo se arreglaba cuando salía, que era muy, muy, muy poco. Ella solía decir que no se vestía, se tapaba. Pero a Gabi no le importaba. “Estás muy sexy con ese trapo”, le decía. Lo cierto es que Gabi se ponía tontorrón con cualquier cosa que ella llevara, siempre que dejara un trozo de carne al descubierto. Parecía mentira que estuvieran juntos desde la universidad.

Tenía por delante tres clases de body pump, tras lo cual siempre se tomaba un rato para ella: corría media hora en la cinta, hacía unos cuantos largos en la piscina y terminaba con un baño relajante en el jacuzzi. Era el único rato del día en el que podía relajarse, y era un ritual sagrado para ella. Acababa de bajar de la cinta cuando oyó una voz tras de sí.

−Hola, muñeca.

Se giró y su mirada se topó con un híbrido entre Musculman y Valentino; casi tenía que ponerse gafas de sol para que su color naranja de solarium no la deslumbrara.

Entre damas anda el juego
Hola, muñeca

−Hola −contestó Álex secamente. No tenía ningún interés en hablar con él, pero consideraba que era de mala educación no contestar cuando alguien la saludaba.

−Te veo a menudo por aquí. Te va el ejercicio, ¿eh?

−Sí, soy monitora de body pump, doy clases aquí por las mañanas.

−Oh, claro, entonces va a ser por eso −dijo el musculitos, sonriendo de una forma que le dio náuseas−. Pues quizá me pase por tu clase −añadió, repasándola de arriba abajo, y deteniéndose sin ningún disimulo en su trasero. A continuación le guiñó un ojo, al tiempo que apoyaba su antebrazo en una de las máquinas de elíptica, en un intento obvio de que se le marcara el bíceps.

−Claro, pásate. −Sonrió Álex con falsedad−. Aunque no sé si la aguantarás.

−¿Qué? −Musculman se había ofendido.

Mira, “muñeco”, ni tú eres Ken ni yo tu Barbie, no nos vamos a comprar el Barbie-coche ni vamos a tener Barbie-hijos, así que, gracias pero no me interesas. Yo vengo aquí a trabajar, no a hacer relaciones sociales, y mucho menos a ligar−. Se giró en redondo marchándose de allí, dejando al musculitos con la boca abierta.

Estaba cansada de que los tíos le entraran continuamente; era consciente de que podía considerársela guapa, con su rizada melena pelirroja y sus ojos color miel, y que debido al ejercicio su cuerpo estaba tonificado, así que no le extrañaba pillar a algún hombre mirándola de reojo mientras hacía sus ejercicios; sin embargo ella nunca había dado pie a ningún tío a creer que estaba interesada en él, por lo que no entendía que siguieran insistiendo y menos aún que le entraran como un búfalo en celo.

Tendría que reconsiderar el ponerse su anillo de casada cuando fuera a trabajar, aunque le molestara y se le hincharan los dedos con el ejercicio”.

 

Bien, ¡espero que te haya gustado este segundo capítulo!

Pronto tendrás el tercero, y conocerás a Noa, la última de las tres protagonistas femeninas de esta novela.

Y ya sabes, si quieres leer más sobre ellas, puedes encontrar el libro en Amazon, en Kindle o tapa blanda. Y si tienes Kindle Unlimited, puedes leerlo totalmente GRATIS.

¡¡¡FELIZ HALLOWEEN!!!

Ester

 

 

 

COSAS QUE HACER ANTES DE LOS 40

cosas que hacer antes de los 40

YA TENGO CASI CUARENTA

Sí, lo confieso, estoy a punto de cumplir cuarenta tacos… y llevo con la maldita crisis de los 40 como un par de años. ¡Y yo que me reía de mi marido cuando le pasó! (para los que no lo sepáis, el Cari es mayor que yo). Pues ahora lo entiendo.

Que llegas a esta edad y te planteas… ¿qué he hecho en la vida? ¿Y qué quiero hacer? Porque si hay algo que quieras hacer y no has empezado todavía… ponte las pilas, chata, que ya vas tarde.

Así que heme aquí, haciendo mi lista de qué hacer antes de morir… digo, antes de los cuarenta… Pero no es fácil. Porque he hecho muchas cosas. Eso es bueno, diréis. Pues sí, es bueno y no lo es. Porque, ¿qué me queda por hacer? ¿Qué experiencias nuevas me quedan por vivir? A parte de un trío con Brangelina, que ya no va a ser posible (porque se han divorciado, no por otra cosa). ¿Qué emociones?

Porque lo de plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro está ya muy pasado de moda. No sé quién dijo tamaña gilipollez. Pero si le hacemos caso, yo ya puedo morir tranquila y realizada: he plantado alguna que otra flor en mi jardín (eso ya cuenta), he escrito un libro y Dios sabe que he intentado tener un hijo, pero al final tengo dos perros, que también tiene que valer algún punto, digo yo.

Y mientras sigo pensando en mi lista, me viene a la cabeza el día que me tiré en paracaídas. Bueno, nos tiramos, con el Cari. Esa era una de las cosas de la lista que decidí hacer hace un año o así, antes de morir… digo, de los cuarenta.

Fue increíble. Nos subimos en una pequeña avioneta unas 10 o 12 personas, no lo recuerdo exactamente: un grupo de amigos y un buenorro… digo un monitor por cada uno. La primera cosa que me chocó es que ellos llevaban casco pero nosotros no. Así se lo dije al buenorro… digo al monitor. Y me contestó: “bah, total, no sirve para nada. Si te caes te matas igual.” Vale, gracias por los ánimos, majete, pero vosotros lo seguís llevando por si acaso, no te jode. Porque te da una falsa sensación de seguridad. Al verme la cara,  añadió: “Tranquila. Hay dos paracaídas.” Ah, bueno, eso ya es otra cosa. Cero cascos pero dos paracaídas es mejor que dos cascos y ningún paracaídas.

cosas que hacer antes de los cuarenta
El de la izquierda es “mi” buenorro

Así que nos subimos al avión y empezamos una tranquila subida que dura unos 15 o 20 minutos, en los que vas mirando el paisaje (precioso, todo hay que decirlo), hasta que dejas de ver absolutamente nada y solo ves nubes. Glups. Entonces oyes a alguien que chilla “¡YA!”, y los buenorros… digo los monitores, en un movimiento sincronizado que ya le gustaría a Gemma Mengual, se levantan y te ponen un arnés, de forma que quedas atada al tuyo como una butifarra. Hablando de butifarra… ¿qué es eso que noto pegado a mi espalda? “Es el arnés”, se excusa el buenorro… digo el monitor. Ya, ya.

Entonces ves que se abre la puerta de la avioneta y entra un frío que te cagas. Dios mío, ¡¡¡VOY A MORIR!!! Eso es lo que piensa el pobre incauto al que le toca tirarse, pero no le da tiempo a nada y ¡zas!, ya está volando por los aires.

En ese momento doy gracias a Dios por estar en la cola del avión. Me divierto un rato mirando las caras de los que van al matadero antes que yo mientras intento respirar con normalidad, para que no me dé un jamacuco.

Esto va demasiado rápido, no es como la cola del Dragon Kan, mierda.

(Esa pequeña cabeza blanca detrás del Cari, que está hiperventilando, soy y0)

cosas que hacer antes de los cuarenta

Entonces me toca saltar. ¡Ay, Dios, ay, Dios, ay, Dios! ¿Por qué no me dio por apuntarme a un curso de macramé? ¿Y lo bonito que quedaría la alfombra esa en la pared de mi casa?

El buenorro me dirije hacia la puerta de la avioneta y me sitúa LITERALMENTE en el borde. Solo veo cielo delante de mí y el viento me sopla en la cara con fuerza. Casi no se oye nada, así que tiene que gritar. “¿Preparada?” Yo le contesto que no, pero como no me oye, el muy cabrón salta, ¡SALTA! al vacío conmigo delante y no me da tiempo a decir ni a pensar nada y me encuentro cayendo en picado a doscientos kilómetros por hora. El subidón de adrenalina es brutal. Te pones en la posición que te han enseñado (brazos y piernas estiradas, como si estuvieras volando cuando en realidad estás cayendo como si fueras una piedra) y sientes que de verdad vuelas, eres libre como un pájaro, solo que ellos tienen alas y tú un paracaídas, bueno, dos.  Durante unos segundos no ves nada, todo azul y blanco, hasta que empiezas a ver tierra, muy, muy pequeñita.

Cuando estás disfrutando de la sensación a tope, notas un fuerte tirón, y de repente estás suspendida en el aire, en posición vertical, con el buenorro detrás. Ya no notas el aire en todo tu cuerpo, la velocidad ha descendido muchísimo y ahora estás flotando, disfrutando del paisaje y de una agradable brisa. Poco a poco ves cómo se va acercando el paisaje, como las casas se van haciendo más grandes, y ya no ves a las personas que te esperan abajo (los que no tienen prisa por morir) como hormiguitas sino como personas normales y mucho más cuerdas que tú. Entonces tocas el suelo con los pies, corres un poco, y voilá, has llegado. El buenorro te libera. Se acabó.

Han sido los cinco minutos más increíbles de tu vida. Las piernas te tiemblan y la adrenalina fluye por tus venas y quieres volver a tirarte inmediatamente.

Bueno, yo, porque el pobre cari está unos metros más allá, tumbado en el suelo, de color amarillo cerúleo, y me dicen que se ha mareado. Al pobre le duró el susto toda la tarde y jura y perjura que nunca más volverá a hacerlo.

(Aquí no inserto foto por respeto al Cari).

Si es que nunca estamos de acuerdo en nada.

Y yo mientras sigo pensando en mi lista… Ya tengo una apuntada. Tirarme en tirolina desde la Torre Eiffel. Lo vi por la tele. Al Cari le dejaré grabando, si eso…

Si a alguien se le ocurre algo, se aceptan ideas.

Ya os contaré mi lista cuando la tenga acabada, ¿vale?

Besitos, Ester.